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Los Revolucionarios Rusos |
Aunque
el nihilismo es casi siempre pensado como un concepto vago
relegado al ruedo de la filosofía o quizás como la inevitable
conclusión al pensamiento posmodernista, el nihilismo sí tiene
un fuerte trasfondo histórico que merece un mayor
reconocimiento. La más importante manifestación del nihilismo en
la reciente historia también coincide con su más activa y
organizada expresión, aquella de los revolucionarios rusos
nihilistas que subieron a la prominencia en los años 1860.
Los
nihilistas rusos (la palabra rusa para nihilista es nigilist)
tienden a ser asociados con la violencia, revolución y actos
terroristas como el asesinato del Zar Alejandro II por el grupo
‘La Voluntad del Pueblo’.
Pero
aunque los actos violentos son documentados en los libros de
historia casi siempre el impacto duradero es llevado acabo a
través de las ideas e identidades no violentas. Los nihilistas
rusos fueron intrigantes con respecto a esto porque su historia
es como la de un témpano de hielo –sólo una pequeña porción de
su carácter total es visible fácilmente. De hecho, muchos de los
actos violentos asociados con el derrocamiento atentado a la
monarquía ocurrieron bajo los auspicios de otros grupos como los
anarquistas, marxistas y populistas narodistas en los años 1870,
en vez de aquellos directamente asociados con los propios
nihilistas que eran mucho más complejos que los esquemáticos
etiquetamientos de ‘terrorista’ adjuntados a ellos por las
autoridades autocráticas.
El Nihilismo no era tanto un cuerpo de creencias y
programas formales (como el populismo, liberalismo, marxismo)
como era un agrupamiento de actitudes y valores sociales, y un
conjunto de comportamientos afecta-modales, vestimenta, patrones
de amistad. En resumen, era el espíritu de su era. [2]
Contexto
Histórico
Para
poder comprender quienes eran los nihilistas rusos primero
tenemos que entender en contra de qué pelearon y por qué. Europa
en el siglo 19 fue un tiempo de cambios dramáticos políticos,
económicos y sociales. La industrialización creó disparidades de
riquezas fantásticas y clases enteramente nuevas de personas
mientras el viejo sistema de poder aristocrático se transformaba
en uno plutocrático. Las ciudades crecieron rápido y los estilos
de vida tradicionales agrarios fueron diezmados en favor de la
apretada vida urbana de esclavitud salarial. La Rusia imperial
experimentó muchos de estos difíciles cambios pero los eventos
casi siempre tomaban un carácter más extremo que los de Europa
Occidental, y el desarrollo social para Rusia siempre ha sido
tanto doloroso como lento.
Todos
los monarcas rusos más prudentes se dieron cuenta que su sistema
de servidumbre, con una estructura social de los privilegiados
existiendo a costillas de los muchos, no era sostenible y
terminaría en rebelión sangrienta tarde o temprano. El problema
era implementar reformas que fueran tanto efectivas como
políticamente realistas. Pero a mediados del siglo 19 las
fuerzas de represión del estado junto con la larga duración del
problema habían ya creado una situación tan intolerable que
arreglar el sistema a través de reforma era esencialmente
imposible. La única respuesta razonable a esta clase de
situación es aquella del nihilismo, la única manera de vivir era
el destruir. Rusia se había convertido en un país sofocante,
atrasado, dirigido por una clase gobernante de élites crecidos
fabulosamente ricos a través de la extracción rampante de
recursos naturales. El gobierno ruso se había vuelto
completamente desconectado de sus súbditos, y nueva información,
y nuevas ideas fueron imposibles de prevenir que se colaran al
país de la escena social caldeada y burbujeante en Europa
Occidental. Ni tan siquiera un brutal y violento estado policial
pudo parar a los nihilistas, a otros revolucionarios dedicados o
el inevitable resultado del conflicto.
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Los huevos incrustados
de joyas conocidos como Fabergé fueron una emblemática
expresión de la riqueza imperial rusa de finales del siglo
19, y de una sociedad grotescamente distorsionada donde la
monarquía podía comisionar docenas de estos huevos mientras
el público en general trabajaba, y se moría de hambre. |
El
corazón del nihilismo ruso se trataba sobre con los fracasos
del pasado y de elaborar una nueva identidad. Este era el
significado de la frase ‘Padres e Hijos’ usada en aquel tiempo y
recordada hoy en la novela de Turgenev del mismo nombre.
Mientras que los “padres” crecieron en filosofía idealista
alemana y romanticismo en general, con su énfasis en lo
metafísico, religioso, estético y aproximaciones históricas de
la realidad, los “hijos”, dirigidos por tales jóvenes
radicales como Nicolás Chernyshevsky, Nicolás Dobroliubov y
Dmitrii Pisarev alzaron la bandera del utilitarismo,
positivismo, materialismo y especialmente “realismo”.
“Nihilismo” –y también en gran parte “realismo”,
particularmente “el realismo crítico”– significaba sobre todas
las cosas una rebelión fundamental en contra de los valores y
estándares aceptados: en contra del pensamiento abstracto y
del control familiar, en contra de la poesía lírica y
disciplina escolar, en contra de la religión y la retórica.
Los fervientes hombres y mujeres jóvenes de los años 1860
querían cortar a través de toda apariencia educada, el
deshacerse de toda farsa convencional, para llegar al fondo de
las cosas. Lo que usualmente ellos consideraban real y valioso
incluía las ciencias naturales y físicas –ya que esa era la
época cuando la ciencia vino a ser enormemente admirada en el
mundo occidental– relaciones humanas simples y sencillas, y
una sociedad basada en el conocimiento y la razón en vez de en
la ignorancia, prejuicio, explotación y opresión.
[1]
Esto se
trataba de la destrucción de ídolos, sobre la quema de lo
inservible de la sociedad. Y los nihilistas rusos fueron
bastante revolucionarios especialmente dado el contexto del
tiempo y la localización en donde existieron porque incluyeron
secciones de la población que habían tenido poca, si alguna,
representación anteriormente. Las mujeres, por ejemplo, jugaron
un papel clave e incluyeron algunos de los más motivados y
carismáticos personajes de la época como Vera Figner y Sofía
Perovskaia. “Si las feministas querían
cambiar partes del mundo, las nihilistas querían cambiar el
mundo como tal, aunque no necesariamente a través de acción
política”.
[3]
La palabra rusa para una fémina nihilista es
nigilistka.
Es importante señalar que el espíritu nihilista de ese tiempo
era ante todo individualista y no siempre políticamente
revolucionario; algunas actitudes nihilistas radicales excluían
orientación ideológica o política.
“Mientras el nihilismo emancipaba a los jóvenes rusos radicales
de cualquier filiación al orden establecido, era, para repetir
el punto, individual más que social por su misma naturaleza y
carecía de un programa positivo –Ambos, Pisarev y el héroe de
Turgenev, Bazarov murieron jóvenes”.
La vestimenta, actitud, estilo de comunicación, todos fueron
porciones del nuevo punto de vista nihilista. El estilo de ropa
buscaba la funcionalidad y la utilidad sobre la moda frívola. La
‘sublevación en el vestir’ de las nigilistka iba
algo así:
Una de las más interesantes y ampliamente comentadas
características de las nigilistka era su apariencia
personal. Descartando las “muselinas, listones, plumas,
sombrillas y flores” de una dama rusa, la arquetípica muchacha
de la creencia nihilista en los años 1860 vestía un sencillo
traje oscuro de lana, que caía derecho y suelto desde la
cintura con puños y cuello blancos como sus únicos
embellecimientos. El pelo era cortado corto y llevado recto, y
la que lo llevaba frecuentemente adoptaba el uso de
gafas oscuras.
[4]
La moda nigilistka trataba de algo más que sólo rebelión
juvenil contra la moda burguesa porque en vez de simplemente
contradecir las formas establecidas ésta terminó creando su
propia identidad. El razonamiento detrás de mucho de esto se
trataba del autohabilitamiento.
“La maquinaria de la atracción sexual a través de la apariencia
externa que llevaba a la esclavitud fue descartada por la nueva
mujer cuyo credo nihilista le enseñaba que ella tenía que hacer
su camino con conocimiento y acción en vez de artimañas
femeninas”.
[4]
Aún más profundo que cambios en la apariencia superficial
existía una nueva y bastante profunda realización, porque la
nigilistka entendía que la vida tenía que ser definida
internamente y no solamente por autoridades o valores externos.
“Para establecer su identidad, ella necesitaba una causa o un
“camino”, en vez de sólo un hombre”.
[4]
Una interesante desviación de la norma también ocurrió en el
estilo de comunicación.
“La típica nigilistka, como su camarada masculino,
rechazaba la hipocresía convencional de las relaciones
interpersonales y tendía a ser directa al grano hasta el punto
de la grosería”…
[4]
Tiempos Severos Requieren Medidas Severas
Viendo sus esfuerzos por un cambio social sólo ser recibidos con
brutalidad policiaca y represión incrementada por la despótica
autoridad, los revolucionarios revalorizaron sus tácticas. Pedro
Tkachev y Sergio Nechayev fueron dos que sintieron que los
tiempos severos requerían medidas severas. –La revolución estaba
sólo empezando.
Varios años de conspiración revolucionaria, terrorismo y
asesinato siguieron. Los primeros casos de violencia
ocurrieron más o menos espontáneos, algunas veces como
contramedidas contra los brutales oficiales de la policía. De
este modo, temprano en el 1878 Vera Zasulich disparó e hirió
al gobernador militar de San Petersburgo, el general Teodoro
Trepov, que había ordenado azotar a un preso político; un
jurado falló en declararla culpable, con el resultado de que
los casos políticos fueron retirados del procedimiento
judicial regular. Pero en breve emergió una organización la
cual puso al terrorismo conscientemente en el centro de sus
actividades. La sociedad conspiratoria revolucionaria “Tierra
y Libertad”, fundada en 1876, se dividió en 1879 en dos
grupos: la “División Negra”, o “Repartición Total de Tierra”,
que enfatizaba gradualismo y propaganda, y la “Voluntad del
Pueblo” la cual montó una ofensiva terrorista a gran escala
contra el gobierno. Los miembros de la “Voluntad del Pueblo”
creían que, porque por la naturaleza altamente centralizada
del estado ruso, unos pocos asesinatos podían causar tremendo
daño al régimen, como también proveer la instrucción política
requerida para la sociedad educada y las masas. Seleccionaron
al emperador, Alejandro II, como su blanco principal y lo
condenaron a muerte. Lo que siguió ha sido descrito como una
“caza de emperador” y en ciertos modos desafía la imaginación.
El comité ejecutivo de la “Voluntad del Pueblo” incluía sólo
alrededor de treinta hombres y mujeres, dirigidos por tales
personas como Andrew Zheliabov que provenía de los siervos y
Sofía Perovskaia que provenía de la clase administrativa más
alta de Rusia, pero que luchó al imperio ruso.
[6]
Después del asesinato para el Zar, algunos empezaron a
cuestionar la utilidad estratégica de la violencia escalada pero
pocas alternativas existían en el entorno opresivo de la Rusia
imperial. Los monarcas posteriores Alejandro III y Nicolás II
sólo se hicieron más reaccionarios y de mentalidades cerradas
mientras que a la misma vez anulaban hasta las mínimas
libertades públicas.
“El homicidio y la horca cautivaron la imaginación de nuestra
gente joven; y mientras más débiles sus nervios y más opresivo
su ambiente, mayor era su sentido de exaltación al pensar en el
terror revolucionario”.
–Vera Figner
[5]
[B] |
Vera Zasulich, Vera
Figner y Sofía Perovskaia
“Perovskaia y sus camaradas
representan un fenómeno único en la historia social
europea del siglo 19”. [8] |
Los nihilistas rusos fueron listos, dedicados y poseían una
tenacidad que era incomparable. Estos eran revolucionarios que
estaban muy conscientes de la naturaleza del sistema político
con el cual estaban en conflicto pero como quiera aún fallaron
en adquirir dos elementos críticos. Ya que como no tenían ningún
programa social constructivo cohesivo los nihilistas carecían de
sostenibilidad estratégica de su movimiento revolucionario.
Aunque lograron su objetivo táctico de asesinar a las figuras de
autoridad del nivel superior su objetivo más amplio de adquirir
mayor libertad de movimiento e ideas todavía se mantenía
esquivo. Parece que la escala de tiempo necesaria de su lucha
era más larga que lo anticipado y la naturaleza atrincherada del
sistema, y la cultura de miedo, y el servilismo a los
gobernantes autocráticos en la cual descansaba fue mucho más
profunda que lo realizado; 1,000 años de tradición simplemente
no pueden ser lanzados en una década. Pero como el programa
social es secundario a los planes inmediatos, en un sentido
mayor, yo pienso que el problema primario afectando a los
revolucionarios rusos del siglo 19
tuvo
que ver más con limitaciones de comunicación que cualquier otra
cosa, porque tenían casi todo a favor de ellos excepto en
números. Careciendo de la habilidad para alcanzar al público
ruso excepto en escala menor hizo que una sublevación amplia, y
coordinada, fuera prácticamente imposible. La tecnología de
publicación era fácil de controlar para los regímenes déspotas
mientras que la radio y la imprenta barata no habían llegado a
generalizarse en uso hasta principios del siglo 20.
Aunque la violencia política pudo haber tenido un valor
estratégico cuestionable el cambio cultural en puntos de vista,
actitudes e ideas hizo contribuciones importantes que duraron
mucho después de que los nihilistas rusos mismos habían dejado
la escena. 06.12.03
Así eran los verdaderos nihilistas, los destructores, que no
se molestaron sobre qué iba a ser construido después de ellos.
Ellos no rechazaron exactamente todo, porque creían
firmemente, fanáticamente, en la ciencia y en el poder de la
mente individual. Pero pensaban que nada más merecía el más
mínimo respeto, y atacaban y se burlaban de la familia,
religión, arte e instituciones sociales y mientras más
vehementemente, en más alta estima eran tenidos en la opinión
de sus compatriotas.
– Sergio Stepniak De:
Sergio Stepniak sobre el Nihilismo y Narodismo [Extraído
de Sergio Stepniak, “Nihilismo” en Los Grandes Eventos por
Famosos Historiadores, vol. 19 (n.p.: El Alumno Nacional,
1914), pp. 71-85]
Referencias
A) Una Historia
de Rusia, sexta edición, por Nicolás V. Riasanovsky,
Imprenta de la Universidad de Oxford 2000.
B) El Movimiento
de Liberación Femenina en Rusia – Feminismo, Nihilismo y
Bolchevismo 1860-1930, por Ricardo Stites, Imprenta de la
Universidad de Princeton, 1978.
- Referencia
A pg.
381
- Referencia
B pg.
99-100
- Referencia B pg.
101
- Referencia B pg.
104
- Referencia
B pg. 146
- Referencia
A pg. 384
- Referencia
A pg. 448
- Referencia
B pg. 153
El Catecismo de
Nechayev
Hay notables diferencias entre la situación cultural y política
de la Europa de fines del siglo 19 y nuestro mundo del siglo 21.
El peso de la autoridad opresiva no es tan siquiera tan
aplastante hoy como antes, especialmente en comparación con la
Rusia Zarista.
La
situación para las masas era tan sombría como para hacer de la
muerte por la violencia más atractiva que una vida en
esclavitud; América no es una Palestina y California no es la
Franja de Gaza, si entiendes lo que digo.
La severidad de la acción revolucionaria tenía que ser apareada
con la falta de libertad para expresar ideas objetoras dentro de
la región de operaciones. De otra forma sólo serías sacado del
medio por el rechazo público y la reacción policial.
Afortunadamente, hoy tenemos muchas herramientas (pacíficas) que
ellos no tenían.
La tenacidad de Sergio Nechayev era admirable y su metodología
acumula puntos por intentar el tratar más que sólo la
infraestructura física tan típico del Marxismo y otras
“revoluciones” unidimensionales. Y como nada más, ‘El Catecismo’
ciertamente provocó debates y generó entusiasmo por el esfuerzo
revolucionario. – Freydis 17.05.02
De: ‘Catecismo de un
Revolucionario’ (1869) por Sergio Nechayev
* * *
PRINCIPIOS POR LOS CUALES EL
REVOLUCIONARIO DEBE SER GUIADO EN LA ACTITUD DE LO
REVOLUCIONARIO HACIA Sí
1. El revolucionario es un hombre
dedicado. No tiene intereses propios, sin asuntos, sin
sentimientos, sin ligaduras, sin pertenencias, sin ni tan
siquiera un nombre. Todo en él es absorbido por un interés
exclusivo único, un único pensamiento, una única pasión – la
revolución.
2. En lo más profundo de su ser, no
sólo en palabras sino también en hechos, ha roto todo vínculo
con el orden social y el mundo culto entero, con todas sus
leyes, modales, convenciones sociales y sus reglas éticas. Él es
un enemigo implacable de este mundo, y si continua viviendo en
éste, es sólo para destruirlo más efectivamente.
3. El revolucionario desprecia
profundamente todo doctrinarismo y ha rechazado las ciencias
mundanas, dejándolas para futuras generaciones. Sólo conoce una
ciencia, la ciencia de la destrucción. Para este fin, y este fin
solamente, estudiará mecánica, física, química y quizás
medicina. Para este fin estudiará día y noche la ciencia viva:
la gente, su carácter y circunstancias y todas las
características del presente orden social en todos sus niveles
posibles. Su único y constante objetivo es la destrucción
inmediata de este vil orden.
4. Desprecia profundamente la
opinión pública. Desprecia profundamente y aborrece la ética
social existente en todas sus manifestaciones y expresiones.
Para él, todo lo que asista al triunfo de la revolución es
moral. Inmoral y criminal es todo lo que se pare en el camino de
ésta.
5. El revolucionario es un hombre
dedicado, despiadado hacia el estado y hacia el todo de la
educada y privilegiada sociedad en general; y él no debe esperar
misericordia de ellos tampoco. Entre él y ellos existe,
declarado o no, una guerra incesante e irreconciliable por la
vida y la muerte. Se debe disciplinar él mismo para soportar la
tortura.
6. Duro hacia él mismo, debe ser
duro hacia otros también. Todas las emociones tiernas y
afeminadas de parentesco, amistad, amor, gratitud y hasta honor
deben ser sofocadas en él por una fría y decidida pasión por la
causa revolucionaria. Sólo existe para él un único deleite, una
consolación, una recompensa y una gratificación –el éxito de la
revolución. Noche y día debe tener sino un pensamiento, un
propósito –destrucción despiadada. En la búsqueda incansable y
en sangre fría de este propósito, debe estar preparado tanto
para morir y para destruir con sus propias manos todo lo que se
entrometa en el camino del logro de esto.
7. La naturaleza del verdadero
revolucionario no tiene lugar para ningún romanticismo, ningún
sentimentalismo, éxtasis o entusiasmo. No tiene lugar tampoco
para el odio personal o la venganza. La pasión revolucionaria,
que en él se vuelve un estado mental habitual, debe en todo
momento ser combinada con un frío cálculo. Siempre y en todas
partes debe ser no lo que indique lo que sus inclinaciones
personales quieran que sea, sino lo que los intereses generales
de la revolución prescriban.
LA ACTITUD DEL REVOLUCIONARIO
HACIA SUS CAMARADAS EN REVOLUCIÓN
8. El revolucionario considera su
amigo y aprecia mucho sólo a una persona que se ha mostrado en
la práctica el haber sido tan revolucionario como él mismo. La
extensión de su amistad, devoción y otras obligaciones hacia su
camarada es determinada sólo por su grado de utilidad en el
trabajo práctico de destrucción total revolucionaria.
9. La necesidad de solidaridad
entre revolucionarios es manifiesta. En ésta yace la fuerza
completa del trabajo revolucionario. Camaradas revolucionarios
que poseen el mismo grado de entendimiento revolucionario y
pasión deben, hasta donde sea posible, discutir todos los
asuntos importantes juntos y llegar a decisiones unánimes. Pero
en implementar un plan decidido de esta manera, cada hombre debe
hasta donde sea posible depender de él mismo. Al ejecutar una
serie de acciones destructivas cada hombre debe actuar por sí
mismo y recurrir al aviso y ayuda de sus camaradas sólo si es
necesario para el éxito del plan.
10. Cada camarada debe tener bajo
su responsabilidad varios revolucionarios de la segunda o
tercera categoría, esto es, camaradas que no están completamente
iniciados. Debe considerarlos como partes de un fondo común de
capital revolucionario, puesto a su disposición. Debe gastar su
porción del capital económicamente, tratando siempre de sacar el
máximo beneficio posible de éste.
De él debe considerarse como
capital consagrado al triunfo de la causa revolucionaria; pero
como capital del cual no dispondrá independientemente sin el
consentimiento de la compañía entera de los camaradas
completamente iniciados.
11.
Cuando un camarada se meta en
problemas, el revolucionario, al decidir si debe de ser
rescatado o no, no debe de pensar en términos de sus
sentimientos personales sino sólo del bien de la causa
revolucionaria.
Por lo tanto él debe balancear, por un lado, la utilidad de su
camarada, y por el otro, la cantidad de energía revolucionaria
que se necesitaría gastar en su rescate, y debe conformarse por
la que tenga más peso de consideración.
LA ACTITUD DEL REVOLUCIONARIO
HACIA LA SOCIEDAD
12. La admisión de un nuevo
miembro, que se ha demostrado él mismo no por palabras sino por
hechos, puede ser decidida sólo por acuerdo unánime.
13. El revolucionario entra en el
mundo del estado, de clase y de la llamada cultura, y vive en
éste sólo porque tiene fe en su rápida y total destrucción.
Él no es un revolucionario si
siente pena por cualquier cosa en este mundo. Si es capaz de,
debería enfrentar la aniquilación de una situación, de una
relación o de cualquier persona que forme parte de este mundo
–todo y todos deben ser igualmente odiados para él. Peor para él
si tiene familia, amigos y seres queridos en este mundo; no es
revolucionario si puede conservar su mano.
14. Apuntando a la destrucción
despiadada el revolucionario puede y algunas veces hasta debe
vivir dentro de la sociedad mientras pretende ser completamente
otra cosa de lo que es. El revolucionario debe penetrar en todas
partes, entre todas las clases bajas y las clases medias, en las
casas de comercio, la iglesia, las mansiones de los ricos, el
mundo de la burocracia, del ejército y de la literatura, La
Tercera Sección [Policía Secreta] y hasta el Palacio de
Invierno.
15. Toda esta pútrida sociedad debe
ser dividida en varias categorías: la primera categoría
comprende aquéllos a ser condenados inmediatamente a la pena de
muerte. La sociedad debe redactar una lista de estas personas
condenadas en orden del daño relativo que puedan causar al
progreso exitoso de la causa revolucionaria, y, por tanto, en
orden de su remoción.
16. Al recopilar estas listas y
decidiendo el orden aludido arriba, el principio rector no debe
ser los actos individuales de villanía cometidos por la persona,
ni siquiera por el odio que provoque entre la sociedad o la
gente. Esta villanía y odio, sin embargo, puede hasta cierto
punto ser útil, ya que ayudan a incitar la rebelión popular. El
principio rector debe ser la medida de servicio que la muerte de
la persona le rendirá necesariamente a la causa revolucionaria.
Por lo tanto, en primera instancia
deben ser aniquilados todos aquellos que son especialmente
dañinos a la organización revolucionaria, y cuyas muertes
repentinas y violentas también infundan el mayor miedo en el
gobierno y, al privarlo de sus figuras más inteligentes y
enérgicas, destrocen su fuerza.
17. La segunda categoría debe
consistir de aquéllos a los que se les concede respiro temporero
para vivir, únicamente con el fin que su comportamiento
tontorrón lleve a las personas a una inevitable sublevación.
18. A la tercera categoría
pertenecen una multitud de ganado de alto rango, o personajes
distinguidos tampoco por ninguna inteligencia en particular ni
por energía, sino quienes, por causa de su posición, disfrutan
de riqueza, conexiones, influencia y poder. Deben ser explotados
en todas las maneras y formas posibles; deben ser enredados y
confundidos, y, cuando hayamos encontrado lo más que podamos
sobre sus secretos sucios, debemos convertirlos en nuestras
bestias de carga, como si fueran simples bueyes del campo. Su
poder, conexiones, influencia, oro y energía de este modo se
convierten en una inagotable mina y una ayuda efectiva para
nuestras varias empresas.
19. La cuarta categoría consiste de
personas políticamente ambiciosas y liberales de varios tonos.
Con ellos podemos conspirar de acuerdo a sus propios programas,
pretendiendo que los estamos siguiendo ciegamente, cuando de
hecho estamos tomando control de ellos, arrancándoles todos sus
secretos y comprometiéndolos al máximo, para que estén
irreversiblemente implicados y puedan ser empleados para crear
desorden en el estado.
20. La quinta categoría está
compuesta de doctrinarios, conspiradores, revolucionarios, todos
aquellos que se prestan para estupideces en borracheras, ya sea
delante de audiencias o en papel. Deben ser continuamente
incitados y forzados en hacer declaraciones violentas de
intenciones prácticas, como resultado del cual la mayoría
desaparecerá sin dejar rastro y una ganancia real revolucionaria
se acumulará de unos pocos.
21. La sexta, y una importante
categoría es aquella de las mujeres. Deben ser divididas en tres
tipos principales: primero, aquéllas frívolas, irreflexivas y
tontas a las cuales podemos usar como usamos la tercera
y cuarta categorías de hombres; segundo, mujeres que son
ardientes, dotadas y devotas pero no pertenecen a nosotros
porque todavía no han logrado un verdadero, desprendido, y
práctico entendimiento revolucionario: éstas deben ser usadas
como los hombres de la quinta categoría; y, finalmente están las
mujeres que están con nosotros completamente, esto es, que han
sido completamente iniciadas y han aceptado nuestro programa en
su totalidad. Debemos considerar estas mujeres como el más
valioso de nuestros tesoros, de cuya asistencia no podemos
prescindir.
LA ACTITUD DE NUESTRA
SOCIEDAD HACIA LA GENTE
22. Nuestra sociedad tiene sólo un
objetivo –la emancipación y felicidad total de la gente, esto
es, los trabajadores comunes. Pero, convencidos que su
emancipación y el logro de esta felicidad puede realizarse sólo
por medio de una revolución popular de destrucción completa,
nuestra sociedad empleará todo su poder y todos sus recursos a
fin de promover una intensificación y un aumento de estas
calamidades y horrores que deben finalmente agotar la paciencia
de las personas y dirigirlo a un levantamiento popular.
23. Por “revolución popular”
nuestra sociedad no se refiere a un movimiento regulado en el
modelo clásico francés –un movimiento que siempre ha sido
restringido por la noción de propiedad y del orden tradicional
social de nuestra presunta llamada civilización y moralidad, la
cual hasta ahora siempre se ha confinado para el derrocamiento
de una estructura política meramente para sustituir a otra, y se
ha esforzado por lo tanto para crear el supuesto llamado estado
revolucionario. La única revolución que puede salvar a la gente
es una que erradique el sistema de estado completo y extermine
todas las tradiciones estatales del régimen y las clases
sociales en la Tierra.
24. Por lo tanto nuestra sociedad
no tiene la intención de imponer en la gente ninguna
organización de arriba. Cualquier organización futura
indudablemente tomará forma a través del movimiento y vida de
nuestra gente, pero eso es una tarea para generaciones futuras.
Nuestra tarea es destrucción terrible, total, universal, sin
piedad.
25. Por lo tanto, en acercarnos a
la gente, debemos aliarnos sobre todo con aquellos elementos de
la vida popular los cuales, desde el mismo establecimiento del
poder estatal en Moscú, nunca han cesado de protestar, no sólo
en palabras sino en hechos, contra todo lo directa o
indirectamente conectado con el estado: contra la nobleza,
contra la burocracia, contra los sacerdotes, contra el mundo de
los gremios comerciantes y contra el avaro pirata de las
tierras. Pero debemos aliarnos con el intrépido mundo de los
bandoleros, que son los únicos verdaderos revolucionarios en
Rusia.
26. El unir este mundo en una única
fuerza invencible y de destrucción completa –éste es el
propósito de toda nuestra organización, nuestra conspiración y
nuestra tarea.
Notas: Fuente original
desconocida. Edición electrónica del “Catecismo” provista por
kampahana; formato y condensación hecho por Freydis, 2002.
Manifiesto
Ateísta
Es difícil
decir cuando el pensamiento humano primero concibió de la
existencia de Dios. Pero una vez después de concebirlo, procedió
a rechazarlo. Posiblemente el rechazo de Dios ocurrió
inmediatamente después de la primera concepción de éste, del
primer reconocimiento de su existencia. En todo caso, el rechazo
de Dios es muy antiguo, y las semillas de incredulidad
aparecieron muy temprano en la historia de la humanidad. En el
curso de varios siglos, sin embargo, estas semillas modestas de
ateísmo fueron estranguladas por las venenosas ortigas del
teísmo. Pero el esfuerzo del pensamiento y sentimiento
humano para la libertad es muy grande para no prevalecer. Y de hecho
ha prevalecido. Bajo sus presiones todas las religiones han
ampliado sus horizontes, flexibilizando un punto tras otro y
despojándose de mucho que sólo una generación atrás se
consideraba indispensable. La religión, tratando de preservar su
existencia, ha hecho varios compromisos, amontonando una absurdidad sobre otra, combinando lo incombinable.
Las ingenuas
leyendas acerca de los orígenes de la Tierra, leyendas creadas
por la pastoral popular en los albores de la vida, fueron
emitidas fuera y relegadas a la mitología de ‘libros sagrados’.
Bajo la presión de la ciencia, la religión repudió al Diablo y
repudió la personificación de la deidad. En cambio, ahora Dios
se revela Él mismo a nosotros como la Razón, Justicia, Amor,
Misericordia, etc. etc. Ya que era imposible salvar los
contenidos de la religión, el hombre preservó sus formas,
sabiendo muy bien que las formas darían forma a cualquier
contenido que fuera puesto en éstas.
Todo el
supuesto llamado progreso de la religión es nada sino una serie
de concesiones a la voluntad, pensamiento y sentimiento
emancipado. Sin sus ataques persistentes, la religión hasta este
día hubiese preservado su carácter original crudo e ingenuo. El
pensamiento, además, logró otros triunfos también. No sólo
obligó a la religión a volverse más progresiva, o, más preciso,
el dar a luz a nuevas formas, sino que también tomó un paso
independiente creativo, moviéndose cada vez más audazmente hacia
un ateísmo abierto, militante.
Y nuestro
ateísmo es ateísmo militante. Nosotros creemos que es hora de
empezar una lucha abierta, despiadada con todos los dogmas
religiosos, como quiera que se llamen, sea lo que sea de
sistemas filosóficos o morales que esconda su esencia religiosa.
Pelearemos contra todos los intentos para reformar la religión o
para contrabandear los conceptos anticuados de épocas pasadas al
bagaje espiritual de la humanidad contemporánea. Encontramos a
todos los dioses igualmente repulsivos, ya sean sanguinarios o
humanitarios, envidiosos o bondadosos, vengativos o
perdonadores. Lo que es importante no es qué clase de dioses son
sino simplemente que son dioses –esto es, nuestros señores,
nuestros soberanos –y que amamos nuestra libertad espiritual
muchísimo como para hacer reverencia ante ellos.
Por lo tanto
somos ateos. Debemos cargar audazmente nuestra propaganda de
ateísmo a las masas trabajadoras, para quienes el ateísmo es más
necesario que para cualquier otro. No tememos al reproche que
por destruir la fe de la gente estamos jalando la base moral de
debajo de sus pies, un reproche pronunciado por ‘los amantes de
las personas’ que mantienen que la religión y la moral son
inseparables. Nosotros afirmamos, por el contrario, que la
moralidad puede y debe ser libre de cualquier atadura con la
religión, basando nuestra convicción en las enseñanzas de la
ciencia contemporánea sobre la moralidad y la sociedad. Sólo
mediante la destrucción de los viejos dogmas religiosos podemos
lograr la gran tarea positiva de liberar el pensamiento y el
sentimiento de sus viejos y enmohecidos grilletes. ¿Y qué mejor
puede romper tales cadenas?
Nosotros
mantenemos que no hay ideas objetivas tanto en el Universo
existente o en la historia pasada de los pueblos. Un mundo
objetivo es absurdo. Los deseos y aspiraciones pertenecen sólo a
la personalidad individual, y nosotros ubicamos al individuo
libre en la esquina principal. Debemos destruir la vieja
moralidad repulsiva de la religión que declara: ‘Haz bien o Dios
te castigará’. Nosotros nos oponemos a esta negociación y
decimos: ‘Haz lo que pienses que sea bueno sin hacer ofertas con
nadie sino sólo porque es bueno’. ¿Es esto sólo realmente
trabajo destructivo?
Tanto amamos la
personalidad humana que debemos por lo tanto odiar a los dioses.
Y por lo tanto somos ateos. La vieja y difícil lucha de los
trabajadores por la liberación de la mano de obra puede
continuar aún más. Los trabajadores puede que tengan que
trabajar aún más de lo que han tenido, y sacrificar su sangre a
fin de consolidar lo que ya se ha ganado. A lo largo del camino,
los trabajadores sin duda experimentarán nuevas derrotas y, peor
aún, desilusión. Por esta misma razón deben tener un corazón de
hierro y un espíritu poderoso que pueda resistir los golpes del
destino. ¿Pero puede un esclavo realmente tener un corazón de
hierro? Bajo Dios todos los hombres son esclavos e
insignificantes. ¿Y pueden los hombres poseer un espíritu
poderoso cuando caen de rodillas y se postran, como lo hacen los
fieles?
Por lo tanto
debemos ir a los trabajadores y tratar de destruir los vestigios
de su fe en Dios. Le enseñaremos a pararse orgulloso y derechos
como corresponde a los hombres libres. Le enseñaremos a buscar
ayuda sólo de ellos mismos, en su propio espíritu y en la fuerza
de organizaciones libres. Estamos difamados con la acusación que
todos nuestros mejores sentimientos, pensamientos, deseos y
actos no son nuestros, no son experimentados por nosotros, sino
de Dios, son determinados por Dios, y que no somos nosotros sino
un mero vehículo cargando la voluntad de Dios o del Diablo.
Queremos asumir la responsabilidad para todo sobre nosotros
mismos. Queremos ser libres. No queremos ser marionetas o
títeres. Por lo tanto somos ateos.
Las religiones
reconocen su incapacidad para sostener la creencia del hombre en
el Diablo, y están rechazando a esta figura ya desacreditada.
Pero esto es inconsistente, porque el Diablo tiene el mismo
derecho de existir que Dios –esto es, ninguno en lo absoluto. La
creencia en el Diablo fue una vez muy fuerte. Hubo un tiempo
cuando el demonismo tenía una influencia exclusiva sobre las
mentes de los hombres, sin embargo ahora esta figura amenazante
y tentadora de la humanidad ha sido transformado en un
insignificante diablo, más cómico que espantoso. La misma suerte
debe también caer en su hermano de sangre –Dios.
Dios, el
Diablo, fe –la humanidad ha pagado por estas palabras horribles
con un mar de sangre, un río de lágrimas y un sufrimiento
interminable. ¡Suficiente de esta pesadilla! El hombre debe
finalmente arrojar el yugo, debe ser libre. Tarde o temprano
ganará el trabajo. Pero el hombre debe entrar en la sociedad de
la igualdad, hermandad y libertad listo, y espiritualmente
libre, o por lo menos libre de la divina basura que se ha
aferrado a éste por miles de años. Nos hemos sacudido este polvo
venenoso de nuestros pies, y somos por lo tanto ateos.
Ven con todos
nosotros los que amamos al hombre y la libertad, y odiamos a los
dioses y la esclavitud. ¡Sí, los dioses están muriendo! ¡Que
viva el hombre! –Unión de Ateos.
Fuente
original: Soiuz Ateistov, ‘Ateisticheskii manifest’, Nabat
(Kharkov), 12 de mayo 1919, p. 3., tomado de: Los Anarquistas en
la Revolución Rusa, editado por Pablo Avrich, Imprenta de la
Universidad de Cornell, 1973.
Miguel Bakunin: “Fundador del Nihilismo y apóstol de
anarquía”. – Herzen.
Miguel Bakunin nació en 1814
y vino de una familia grande y rica en Rusia. Aún desde temprana
edad la naturaleza rebelde personal de Bakunin y punto de vista
lo puso en contradicción con la clase dominante de la cual
surgió aunque a la misma vez él nunca se identificó
verdaderamente con las masas proletarias tampoco.
Bakunin quería acción,
ponía al movimiento sobre el pensamiento pasivo pero esto era su
atractivo porque engranó tan bien con el ambiente revolucionario
de su época. En otro tiempo o lugar Bakunin simplemente hubiese
sido clasificado como un elemento marginal pero por la evolución
rápida del panorama social y político del siglo 19 se convirtió
en un ícono y en una leyenda. El rumor y mito sobre sus fugas de
la policía secreta y su propia predica de acción directa crearon
un aura del revolucionario sobrehumano, cumpliendo con la
necesidad de la época por un líder y héroe aún si sus andanzas
actuales no cumplieron con satisfacer los mitos a su alrededor.
La Filosofía de
Bakunin
Aún en ese
tiempo Bakunin era a menudo difícil de describir y aún más
difícil de categorizar ideológicamente dentro del contexto de
sus contemporáneos, revolucionarios y otros grandes pensadores
del siglo 19. Bakunin aprendía del proceso en lugar de la
realización en la vida, si el proceso tenía o no objetivo no era
tanto la cuestión como el acto mismo, “las
cosas terminadas eran una fuente de cansancio para él”. [Lampert
(1957), pág. 123]
Bakunin
realmente nunca conectó con ninguna de las ideologías de su
tiempo, sólo veía oportunidades o para su propio progreso o para
la revolución pura, desde abajo, que deseaba que ocurriera.
Destrucción, acción y revolución como una forma de vida fueron
temas primarios que surgieron. Bakunin fue tan lejos como para
definir destrucción como la fuerza motriz de la historia.
Declaraciones simples pero poderosas eran típicas de Bakunin y
de hecho éste era el atractivo.
Preservando el
paradigma de destrucción, el análisis por Bakunin de Hegel fue
extraordinario:
Bakunin argumenta que la dialéctica
rechaza ambos, aquéllos cuyo ideal está en el pasado (la
integridad primitiva, como la fuente dialéctica de las
divisiones del presente, no puede ser recuperada), y aquéllos
que buscan un término medio entre extremos. Ningún compromiso es
posible: ‘toda la esencia, contenido y vitalidad de lo negativo
consiste en la destrucción de lo positivo’: sólo así las
divisiones pueden ser resueltas en una ‘nueva, afirmativa y
orgánica realidad’. [Kelly (1987), pág. 93-94]
Organizando y Acción Directa
Bakunin tenía poco interés en
los matices y detalles de la organización revolucionaria y
política porque pensaba que sólo contenían su energía en vez de
magnificarla y también porque no podía enfocarse o mantenerse en
una tarea por mucho tiempo para llevar a una organización hacia
una meta. Bakunin no era un Lenin. Pero esto no quiere decir que
no trató de organizar una revolución y luego tratar de nuevo
porque él siempre quiso ver la revolución suceder delante de sus
ojos, ¡aún si no tenía idea de cómo llevarla a cabo realmente!
Bakunin carecía de habilidades de planificación y organización
tanto como tenía un exceso de celo revolucionario y una
capacidad ilimitada para hacer discursos motivacionales.
Después de muchos comienzos
en falso Bakunin finalmente encontró la acción que quería en
Dresde en mayo del 1849 donde se congració en la resistencia
local y peleó con las tropas Prusianas. Pero a pesar de sus
mejores esfuerzos las fuerzas rebeldes fueron superadas en
número sin esperanza y eventualmente el gobierno Sajón arrestó a
Bakunin. Después de ser transferido de una prisión a otra los
gobiernos finalmente llegaron a un acuerdo y Bakunin fue enviado
fuera a la temida fortaleza de Pedro y Pablo en Rusia. Bakunin
fue encarcelado y luego exiliado a Siberia por diez años. Una
sentencia larga lo rompió físicamente pero no mentalmente.
Después de una increíble
confluencia de casualidad y oportunidad en 1861, Bakunin logró
escapar en un barco a Japón y luego a San Francisco terminando
eventualmente de vuelta en Europa. Bakunin volvió a lo que mejor
sabía hacer –tratar de suscitar la acción revolucionaria, en
algún lugar, en cualquier sitio aún si más que antes de su largo
encarcelamiento careciera de conexiones a fondo a la verdadera
planificación revolucionaria en las calles.
Nechayev y
Bakunin
En 1869 un misterioso ruso
llamado Sergei Nechayev se reunió con Miguel Bakunin. Los dos
inmediatamente encontraron un uso para cada uno en medio de su
deseo colectivo para fomentar la revolución dentro de Rusia –una
tarea de enormes proporciones que había hasta ahora eludido los
mejores esfuerzos de Bakunin. Pero Nechayev era un hombre muy
astuto y Bakunin era a menudo ingenuo y confiado, cegado por su
propio entusiasmo –surgieron problemas. Nechayev por su parte
probablemente nunca tuvo ninguna ilusión en cuanto a su propio
objetivo y se mantenía callado dejando que Bakunin fuera el que
hablara.
Nechayev y Bakunin parecía
que se complementaban el uno al otro en atributos, uno era un
gran orador, el otro no, uno un formidable conspirador en donde
el otro no lo era, pero al final el punto de vista egoísta de
Nechayev sobre la revolución acoplado con la credulidad de
Bakunin los llevó a una caída y los dos partieron en términos
hostiles sin ningún éxito notable revolucionario pero todavía
atrayendo la tensa atención de la policía secreta.
Marx frente a Bakunin
Tratar de encajar a Bakunin
en el esquema más amplio de la filosofía política es un reto
porque escribió muy poco y sus propios puntos eran a menudo una
confusa mezcla de ideas de otros y sus propias interpretaciones.
Una comparación de Karl Marx y Miguel Bakunin es interesante en
los caminos muy diferentes que dos pensadores con diferentes
personalidades tomaron al analizar y tratar de resolver los
problemas de su día y para luego dirigirlo a la acción
revolucionaria. Bakunin no era un teórico o un planificador como
Marx, más bien era un promotor del proceso de acción aún sin
importar el resultado o el efecto final.
“Era por naturaleza un solipsista, a pesar de todo su gregarismo
superficial y su posterior defensa del anarquismo anti-individualista,
y el mundo existía según él para el ejercicio de la libertad
personal y la acción creativa”. [Lampert (1957), pág.
123]
Ateísmo
Aunque pudo haber tenido
discusiones privadas que lo colocaban más en la categoría
agnóstica, su mensaje público fue uno consistente de ateísmo
acérrimo afirmando una vez que “Si Dios
realmente existiera tendría que ser necesario el abolirlo”.
El credo individualista de Bakunin también influenció a los
anarquistas rusos que le siguieron así como formas más modernas
de anarquismo individual, libertario. Bakunin murió en el 1876
pero la revolución continuó. Su principal trabajo sobreviviente
es el libro Dios y el Estado, un potente conjunto de ideas y
reflexiones sobre historia, revolución, religión y autoridad.
Influencia Adicional
Aunque su participación directa en actividades revolucionarias
fue limitada, Bakunin tuvo un impacto mucho mayor en las ideas
contemporáneas y hasta en las futuras. Las palabras destructivas
de Bakunin influenciaron a los nihilistas en los años 1860
caracterizados por la revolución del barrido y dejado en limpio.
“…los rebeldes modernos creen, como
creyeron Bazarov, Pisarev y Bakunin, que el primer requisito es
el barrer y dejar en limpio, la destrucción total del sistema
actual; el resto no es su problema. El futuro debe encargarse de
sí mismo. Mejor la anarquía que la prisión; no hay nada entre
medio”. [Berlin, p. 301] Y a pesar de las faltas
organizativas de Bakunin se está de acuerdo de que fue en
realidad una persona generosa y muy amistosa y para todas sus
exhortaciones a la violencia como su más famosa máxima
“El deseo de destruir es también un deseo
creativo”, no era a las personas a las que se dirigía
tanto como a las instituciones actuales de opresión.
– octubre, 2004
Referencias
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